Zum ersten Mal habe ich auf Deutsch vorgetragen. Das Thema war Sklaverei und Humanität, womit ich mich seit langer Zeit beschäftigt habe. Nach dem Vortrag wurden die Fragen auf Deutsch gestellt, aber ich beantwortete sie auf Englisch, da mein Deutsch noch sehr zu wünschen übriglässt. Ich konnte dem Publikum in die Diskussion einbinden, was mich sehr ermutigt hat. Durch Hennings Hilfe mit der Übersetzung hatte ich viele Erfolge. Ich bin so froh, dass ich allmählich diese verdammte Sprache zu beherrschen begonnen habe. Es liegt noch ein sehr langer Weg vor mir, aber der erste Schritt ist getan worden!
Archivo de Mayo 2009
Die Leistung
27 Mayo, 2009¡Argentino hasta la muerte!
12 Mayo, 2009El sábado estuvimos con Manolita, Ted (un Alabamo que conocí en Bielefeld) y Henning (un chico alemán con quien comparto el Büro en la universidad) en el Berlin Bar de Bielefeld… sí, no sólo Rosario tiene un Berlín… Entre una cerveza y otra, arribamos a las próximas elecciones europeas, en las que voy a ejercer, por primera vez desde que emigré, mis derechos ciudadanos. Dije que iba a votar a Die Linke, aunque no estuviera de acuerdo con su política sobre transgénicos y energía nuclear.
Henning, que vota al Partido Verde, se quedó un poco sorprendido de que estuviera a favor de partir átomos para satisfacer nuestras necesidades eléctricas. Le dije que no pensaba que la energía nuclear fuera la única solución a nuestros problemas energéticos, pero que estar en contra por deporte me parecía una actitud anticientífica y dogmática. Agregué que ecologistas importantes como Lovelock y Monbiot habían revisado su posición sobre el tema y que estaban dispuestos a considerar la energía nuclear como una opción, siempre y cuando se cumplieran ciertas condiciones. Su actitud me parece la correcta. Argumenté que la energía nuclear no produce CO2 y otros gases que aceleran el efecto invernadero (aunque reconocí que la extracción de uranio tiene sus problemas) y que es la fuente de energía no renovable más regulada que existe y la que ha producido menos víctimas en la historia.
En lo que va del siglo ha habido muy pocos accidentes serios, dos de ellos en la ex-URSS. El desastre de Kyshtym provocó la muerte por cáncer de unas 200 personas y para el 2005, el accidente de Chernobyl había causado al menos unos 4.000 casos de cáncer de tiroides, aunque es posible que sean más (téngase en cuenta, sin embargo, que la OMS ha cocluído que, con lo grave que fue el accidente, “los efectos en la salud pública no fueron ni con mucho tan graves como se temió en un principio”). El otro accidente famoso, el de Three Mile Island, en donde todos los controles funcionaron, ha demostrado que si las cosas se hacen bien, los riesgos son mínimos incluso en caso de accidentes. En contraste, se calcula que entre 50.000 y 100.000 personas mueren por año como resultado de la contaminación ambiental sólo en Estados Unidos.
Recordé que aunque existen unos 30 países que tienen reactores nucleares en funcionamiento, hay sólo 7 potencias nucleares, y que una de ellas, Israel (que oficialmente niega que posea ojivas en su haber), no tiene reactor nuclear alguno, por lo que la conección directa entre energía nuclear y tecnología militar no es un sine qua non.
Henning trajo a la mesa el problema de los residuos. Nadie quiere vivir junto a un basurero y mucho menos si lo que se desecha ahí no es biodegradable (o lo es a muy, pero muy largo plazo). Le contesté que eso era una preocupación seria a considerar, pero que las perspectivas eran buenas. El reactor de Chernobyl era de Primera Generación, mal construído y peor mantenido, y cuando ocurrió el accidente, estaba a cargo de un idiota. Three Mile Island era de Segunda Generación, y como tal funcionó mucho mejor. La mayoría de los reactores modernos son de Tercera Generación o Tercera Generación+, que son mucho más seguros y producen mucho menos residuos, que en gran parte pueden reciclarse. El control de los residuos atómicos, además, es mucho más estricto que el de los producidos por otras fuentes de energía no renovable y aunque todavía no se haya encontrado una solución total al problema, el futuro es promisorio.
Henning me miró un poco incrédulo y me sacó a relucir ese argumento lleno de lógica que usan lo verdes cuando empiezan a perder el debate: eso es propaganda de las multinacionales. Como no tengo acciones ni en Toshiba ni en General Electric, no creo que se me pueda acusar de “corporate goon” (matón corporativo), pero tuve que reconocer que sólo había leído un artículo sobre el tema y que necesitaba investigar más. Volví a casa y estuve parte del domingo investigando el asunto y encontré la respuesta que buscaba. Desde el año 2002 se están desarrollando reactores de Cuarta Generación que entre otras cosas reducen costos, son más seguros y que, sobre todo, producen muy pocos residuos. El proyecto es un esfuerzo conjunto de diez países que se espera que dé resultados genuinos en la próxima década. Los países participantes son EE.UU., Gran Bretaña, Suiza, Sudáfrica, Corea del Sur, Japón, Francia, Canadá, Brasil y, créase o no, Argentina.
La tierra que me vio nacer me provoca muchas amarguras, como habrá quedado claro en muchas cosas que escribo. La fama que nos supimos conseguir hace que cada vez que me encuentro con otros Latinoamericanos tenga que hacer un esfuerzo doble para demostrar que no todos los que nos amamantamos con agua del Plata somos despreciables. Sin embargo, la curiosidad que despertó la discusión del sábado me llevó a descubrir un pedacito de nuestro esfuerzo nacional que por lo general pasa desapercibido y del que no tenía idea que existía. Fue una muy grata sorpresa enterarme de que mi país será pionero en un proyecto que nos traerá luz sin generar más desolación, y por primera vez en mucho tiempo, me fui a dormir orgulloso de ser argentino hasta la muerte.