Archivo de Agosto 2006

Un tropezón no es caída

22 Agosto, 2006

Hola a todos,

Después de una semana en la que, aunque trabajé mucho en la compu y estuve leyendo mucho, me entró la deseperación por terminar la tesis a tiempo, pasó lo que tenía que pasar.

El jueves me levanté tarde y me sentía cansado, pero me fui a laburar. As it usually is in England… parecía un día de sol. Cuando llegué a la universidad, una tempestad shakespeareana me caló hasta el tuétano. Para colmo había arreglado con Mei (una chica china, taiwanesa la verdad, que habla italiano) para ir a comer a casa de Manuela, así practicaba su italiano (yo claro, me enganché por que capisco un pó, ma la vera raggione é che da Manuela si mangia troppo bene!!!). Volví un poco tarde y hacía frío y estaba solo con una remera.

El viernes ya me sentía muy cansado. Inteté leer para la tesis y no podía concentrarme. Me terminé L’avventura d’un povero cristiano de Ignazio Silone (muy recomendable), y luego dormí, dormí, dormí… A la noche me llamó Manuela para decirme que iban a ir al pub del barrio porque su hermano se iba de vuelta a Italia. Un pibe macanudo, la verdad, y con un interés por las clásicas (es profesor de latín y griego en el Liceo = Italian High School) que hizo que nos lleváramos muy bien en su corta visita (todo lo contrario que con su hermana… en los últimos quince días asistí a tantas peleas fellinianas que me reí como pocas veces). La verdad es que no nos quedamos hasta muy tarde, pero se vé que fue la estocada final.

El sábado me sentía literalmente PARA LA MIERDA. Me fui a comprar un cosa a Moseley Village (que es el centro de mi barrio) y cuando volví me dolía la espalda como si me hubieran flagelado. Me puse a leer La coscienza de Zeno de Italo Svevo y cuando iba a empezar el tercer capítulo me dormí profundamente. A la noche vinieron mis antiguos housemates a buscar unas cartas. Ya me sentía mejor y preparé una cena para tres. Oscar me instaló Internet y a las once se fueron. La última hora, en cambio, pensé que me iba a desmayar.

Me fui a dormir tarde porque el dolor me quitaba el sueño. Me dolía todo… la cabeza, las rodillas, los codos, la espalda… tenía calor en todo el cuerpo y un frío en los pies que me congelaba el alma. Me levanté a las once, todo chivado y con una fiebre que volaba. Entonces, tomé la decisión: me mudé a lo de Manuela por dos días… que es mucho más fácil si te cuidan (¿qué se le va a hacer?, uno sigue siendo un pendejo malcriado).

Ahora estoy de nuevo en casa. My room is in shambles. Necesito una ducha urgente, que hace tres días que sólo transpiro. Ayer incluso, me parece que estaba deshidratado, porque la cama se me movía como si estuviese mareado y no estaba en pedo. Caminar me costaba y cometí el enorme error de ir a laburar (es que sólo tenía 37 y medio a las once de la mañana y entraba a la 1pm (había amancido con 39 a las siete, así que con esa evolución pensé que no estaba tan mal, pero ahí casi me desmayo… Manuela me quería matar, porque la mamma italiana le sale siempre). Incluso fue la primera vez que en esa casa no comí como un cerdo.

Hoy ya me siento bien, me tengo que poner a laburar. Espero que la causa hayan sido los nervios. No puedo encontrar el moño para cerrar el paquete final y eso me genera mucha angustia. Pero bueno, al menos, me pasé un par de días en que me prepararon el café, me dieron de comer, me lavaron los platos, me regalaron ropa (del hermano (mi talle, justo) de Emanuelle y Anna, las compañeras de Manuela… Ad hoc: ¡estos italianos son terribles!, les gusta la ropa ajustada. A mí me quedaba pintada al óleo, pero sólo me quedé con las más amplias, mientras que a le due sorelle piacevano quegli che te ponen como un matambre y no te dejan respirar), me tomaron la fiebre soretecientas veces, me obligaron a tragarme litros de minestra (por el efecto placebo) y creo que me ayudaron a recuperarme más rápido.

Así, que aquí me ven: it’s good to be pampered, especially when you’re unwell. Al menos no me quejé, en cambio si me hubiese quedado en casa, hubiese estado con el ceño fruncido todo el tiempo y lamentando la perra vida que me ha tocado vivir.

Hoy, como dice la Bersuit, se acabaron los subersivos, ahora a trabajar.

Un abrazo y no se preocupen, estoy bien, fue sólo una pequeña recaída.

Juampi