Qué se le va’ se’, viejo, así son las minitas, si no las chamuyás y las contentás con cuatro pavadas, se rajan con el primer pibe que laj cabecea y lej dice dos piropos. Ej que eyas son así, sabé’, no se contentan nunca, quieren ser como Margarita, que ahora se hace yamar Margo’ y vive en París. Ej que tienen memoria corta las mocosas, y se olvidan de cuando las yevabas al bulín y les prometías que estabas atado a eya como la pelota a los timbo del pibe de oro. Pero que se le va’ se’, eso te pasa por boludo, por hacerte el canchero con pendejitas y creerte Gardel porque te miraron dos veces de refilón, ¿quién te creés que sos? ¿el guapo del 900?… no pibe, si se nota a la legua que te falta estaño, pero vos no te lo creías y no quisiste ponerle el cinturón de castidad que se merece, y te conformaste con un candado de morondanga. Así que la minusa te colgó la gayeta y se tomó el buque para nunca más volver. Ahora sólo me queda pedirle a Pichuco que le dé fuerte al fueye desde el cielo, a ver si con el polaco me cantan Naranjo en Flor, ahora que volví a ser peatón y tengo más tiempo para disfrutar de las flores que adornan el camino hasta el parque japonés.
Chan-chán
Sí, me robaron la bici, al menos me lo tomé con humor y no con el ataque de ira furibunda que me caracteriza. Mañana voy a reportarlo a la cancillería de la uni y tal vez sepan algo, pero por ahora es como el tango… me dejó.
Un abrazo,
Juan, el zorzal brumoso
