No se puede contar todo. A menos que uno sea Funes el memorioso, siempre quedarán cosas en el tintero. Es por eso que decidí mandar cada tanto una lista con pequeñas instantáneas o aguafuertes, como más les plazca llamarlas, de mi vida en Birmingham. Mi ojo etnográfico se notará en la poca narrativa y la mucha descripción. Lo siento, siempre me gusto más Heródoto que Tucídides. Al menos sería el primer libro que regalaría a un pibe, si quisiera introducirlo en el maravilloso mundo de los libros. Pero basta ya de pontificar y vamos al grano. Espero que les guste y si no, ya saben, existe la tecla que manda todo este rejunte de palabras al cajón de los olvidos.
Una última aclaración. Muchos de los títulos de los párrafos estarán en inglés. Entenderán que el entorno lo justifica. Además que hay veces que no encontraba mejor manera de expresarlo. Eso no quiera decir que no siga amando a ese buen idioma que es el mío (Neruda dixit).
Statistics
Lo primero que sorprende a quien llega a Incalaperra es la inclinación casi obsesiva que tienen los ingleses por los números. En este país, además de los analfabetos, existen los anuméricos. Conforman esta extraña especie una serie de individuos que padecen una ignorancia supina acerca del abstracto mundo matemático. Es decir, la mayoría de nosotros. Su Graciosa Majestad parece haberse horrorizado por este serio problema y ha decidido atacarlo de raíz. Es así como desde el principio uno es bombardeado con una batería enorme de números, cálculos y reglas de tres para que poco a poco se vaya dando cuenta de la importancia de desempolvar el manual de matemática de cuarto grado so pena de morir aplastado por la fuerza de los hechos y la carrera abierta al talento. Así es como desde que uno se baja del avión hasta… bueno, hasta que se vuelva a subir para abandonar el país, uno se encuentra con carteles y mensajes en las paredes de este tipo: “Hay 4367 semáforos entre Stansted y Londres”, “Entre 1999 y 2004 el promedio de tiempo de viaje en auto entre el aeropuerto y la capital se incrementó un 623,76 %”, “La cola de autos en el último embotellamiento tenía 16 millas, 4 furlongs, 3 cadenas, 2 yardas, 1 pie y 8 pulgadas de largo”. Con el tiempo uno se da cuenta que lo que esos tipos estaban tratando de hacer era venderte un boleto en el nuevo tren súper rápido, que es también súper caro. Claro que el mensaje debe haber calado hondo, porque cuando te mudás, empiezan a llamar a tu puerta un montón de vendedores de servicios tales como gas, teléfono, luz, internet, etc. que te ofrecen unos descuentos buenísimos de 12,473 % a la semana, lo que si se multiplica por las 52,142 que tiene el año, da un beneficio neto de… el cálculo queda para el lector.
Paperwork
Cuando uno nace en Argentina sabe desde muy chiquito que existen unos señores muy malos muy malos que intentarán que tu vida sea un infierno. Para lograr sus objetivos esos seres malignos pondrán en marcha una maquinaria enorme de papeleo y burrocracia, a la que uno deberá enfrentarse hasta caer rendido, apesadumbrado, acongojado y entristecido por la vida miserable a la que ha sido destinado. Lo peor de todo ese trajinar interminable es que, como nadie conoce las reglas, cada engranaje de la bestia (es decir, el burócrata de turno) impone su voluntad de forma férrea. Protestar no tiene sentido, ¿qué derecho se puede invocar? ¿qué reglamento se puede exigir que se respete? Si alguien osara cometer tamaña locura, la maraña de órdenes y contraórdenes, sumidas en un profundo mar de ignorancia voluntaria de toda ley, llevaría a la víctima al suicidio. Ya decía Eurípides que la única manera de evitar la tiranía era hacer que la ley fuera escrita y conocida por todos. Eso es: “conocida por todos”. Como en este país nació la democracia moderna (que tenga una reina que se gasta £ 4.000.000 en pañuelos para el perro es otro cantar), el Parlamento ha decidido que toda ley sea conocida por todos. Y cuando digo toda ley, quiero decir TODAS y CADA UNA de ellas. Es así como el segundo bombardeo consiste en una montaña enorme de papel donde se explica con lujo de detalles TODOS y CADA UNO de los derechos y obligaciones de las que uno disfruta. En caso que tenga una queja, se te proveerán, en otra montaña de documentos, TODOS y CADA UNO de los pasos a seguir, con las direcciones, e-mails, teléfonos, faxes y sitios de internet a los que se tiene que dirigir para conseguir la información. Si el funcionario de turno no llegara a hacer caso, también se te ofrecerá otra pila de documentos con TODOS y CADA UNO de los lugares a los que hay que recurrir para que tu apelación contra la arbitrariedad llegue a buen puerto. Resultado, al final del día uno termina agotadísimo intentando discernir cuál es el monto de democracia que le conviene.
High & Low Tech
Contrariamente a lo que dicen los apóstoles y los apóstatas de la globalización, el mundo sigue sin ser uno. Incalaperra es un caso aislado en muchos sentidos, y aunque ha sido el país globalizador por excelencia, sigue siendo bastante particular. En lo que al acceso a la tecnología de punta se refiere, eso es más que una realidad. Jamás en mi vida vi tantos aparatos electrónicos de lo más exóticos. Y están por todos lados y parecen estar al alcance del hombre de a pie, desde el más jovencito al más viejito. Por ejemplo, en la biblioteca de la Universidad hay una sala con 200 computadoras de última generación conectadas a una red que permite leer los artículos de miles de revistas sin tener que tocar el papel, acceder a miles de bases de datos y, de paso, anotarte a los cursos. Por aquí, por allá y acullá, se ven unos seres extraños con unos implementos de lo más bizarros que les cuelgan de las orejas, la nariz, o la cabeza y que les permiten comunicarse con Alfa Centauro desde el jardín de su casa. Uno empieza a preguntarse si no se metió en un capítulo de la serie aquella “Buck Rogers en el siglo XXV”, pero no, es el presente y se puede tocar. Buck Rogers sigue flotando en algún lugar de la galaxia.
Pero claro, este es el país de la excentricidad. A pesar de todo, hay muchos aspectos de la vida que parecen seguir en el neolítico. Después de una ultramodernísima inscripción on line, llega el momento de elegir los cursos. Para ello uno se reúne con su consejero académico y pastoral y llena, con birome, un papelito fotocopiado y escrito en letra ilegible. Luego recibirá un mail urgente diciéndole que su papel, por razones inescrutables, se ha extraviado y que debe ser rellenado de nuevo. Cuando uno se apersone en la oficina correspondiente, la funcionaria que se encarga del asunto se pasará media hora hurgando entre una montaña de documentos mal apilados para ver si encuentra el papelito en el que anotó tu nombre y el problema que te acontece.
An Englishman’s Castle
Tema aparte son las casas. Si alguna vez leyeron Asterix en Britannia se darán cuenta de que la escena donde nuestros héroes juerguistas favoritos van a buscar una casa particular en una interminable fila de casas iguales es mucho más que un estereotipo. La casa donde estoy viviendo sería imposible de encontrar a menos que uno dé indicaciones muy precisas. De otra manera, podría confundírsela con las otras ciento cuatro casas de la calle en donde vivo.
El segundo punto a considerar es la calidad de la construcción. Rosario, la tierra donde vi la luz, no puede enorgullecerse de casi de nada. Ahí pueden encontrarse muchos de los edificios más horrorosos y mal construidos de este planeta. Será por eso que Rosario y Birmingham se parecen tanto. Las casas son de cartón. Crujen, tienen corrientes de aire, los pisos están desnivelados y los materiales parecen de juguete. Tuve suerte y al menos vivo en un lugar en muy buen estado y a un precio más que asequible. Porque en eso Brum también se parece a Rosario: los precios de las cosas están acordes a los bolsillos del común de los mortales. Pero no se crean que mi casa es lo normal. Se ve cada cuchitril en estado catatónico y por unos precios que no son inferiores a lo que yo pago que sólo se me ocurre repetir con Alonso, el manchego, “¡Cosas vederes, Sancho, que non crederes!”.
Antiglamour Land
Nunca entenderá como este país ha llegado a ser el creador de la mitad de la cultura popular del último medio siglo. Jamás podré dilucidar que ha hecho de Londres la ciudad más trendy del mundo y la que impone el tono de la música. No será por el gusto que demuestran los ingleses. Y en especial las inglesas. Además de la colección más estrambótica de enanos de jardín, uno puede toparse, a plena luz del día, con vistas horrorosas como la que sigue: grupo de niñas de no más de 21 años vestidas con botas blancas estampadas con brillantina fucsia, una mini falda cortísima color rosa bebé, con carterita o bolso que tampoco hacen juego, y un cinturón con motivos al estilo del tapizado florido de la abuela. A todo ello se le agrega un sombrero de cow-boy con estrellas plateadas, una chaqueta de escote pronunciado y… esto sí que es el acabose, adornada con alas de mariposa transparentes tamaño XXL.
Drinking Culture
Todos los ingleses con los que hablé hasta el día de hoy me han preguntado lo mismo. “What do you think of our drinking culture?” Antes que nada hay que decir que la cerveza en este país es un manjar. Hay mil tipos, marcas, gustos y colores y el precio es más que asequible. Eso hace que el problema de la borrachera endémica que sufre la isla sea muy difícil de evitar. En Incalaperra se toma por el hecho de tomar. Mi viejo me dirá que en Bolivia y en Arabia Saudí también. Es cierto, pero acá el alcohol trae muchos problemas. Peleas, la tasa de embarazo adolescente más alta de Europa, familias destrozadas e incomunicación. Al menos eso es lo que dicen los ingleses. Yo me limito a citar las fuentes. El problema está en que la gente usa la cerveza como plato principal. Está bien, porque lo es, pero he descubierto que la costumbre española de comer cuando se bebe no sólo es placentera, sino también muy civilizada. La cosa parece estar cambiando y la gente parece optimista, pero el problema debe ser más que grave. Oyéndolos hablar, parece como una espinita clavada en el corazón. Una pena, porque no hay nada como cuando el publicano baja la palanca para dar curso a un chorro espumoso de cobre y llenar de líquido elemento ese cacharro de forma tan rara que tiene el vaso de una pinta. Cheers!
Brummie Accent
Rosario y Brum se parecen en otras muchas cosas. Las dos son la segunda ciudad de su país respectivo. Las dos son ciudades industriales pobladas por gente que vino de todos lados buscando un lugar menos perro para vivir. Las dos son el patito feo de su manada. Las dos tienen una historia inconformista que contar. Y las dos son siempre ridiculizadas por el acento que las caracteriza. Nunca falta el porteño que te mira con sorna por quererte levantar a “laj” ocho. Nunca falta el cordobés que se ríe de lo que “shueve” en Rosario. Nunca falta el concheto que te recuerda las eses que te dejaste en el camino. En un país como éste, donde el acento es parte de tu genética, Brum es la única ciudad que intenta ocultarlo. Cuando te encontrás con un Brummie, lo primero que hará será disculparse por su acento. Otros directamente te dirán que lo perdieron allá lejos y hace tiempo. Me imagino a algunos intentando emular a Demóstenes, poniéndose guijarros en la boca para no ser reconocidos como locales. No sé por qué. Mi Rosarigasino es el único acento que tengo. Y ellos sólo tienen el Brummie. Una forma muy peculiar de hablar inglés en clave de fa (¿o era de si?, no me acuerdo), porque tiende a ser muy grave. Y aunque no lo crean, I quite loik it, moite!
Salaam Bombay
Hay otra cosa de la que Brum tiene que sentirse orgullosa. Su unidad en la diversidad. Sin duda esta es la ciudad más asiática del Reino Unido. Mis vecinas usan shador y burka. Mi landlord se apellida britanísimamente Mr Sanghera, del Punjab. En la biblioteca de mi barrio los libros están en Gudjarati, Urdu, Hindi, Pundjabi, Tamil, Árabe, Chino, Thai, Japonés, y una serie de lenguas que ni siquiera sabía que existían. El hombre del correo parece salido de una novela de Emilio Salgari. En la universidad se ven miles de chicos de turbante y barbas tupidas y muchas más chicas con algún tipo de velo. Y los hay de las formas más variadas y de los colores más extraños. Hay hasta un grupo que lleva velo, pero tiene los ojos rasgados. Son malayas, aunque hayan nacido acá, como lo hicieron sus padres y los padres de sus padres. La comunidad negra también es gigante y justamente este mes es el Black History month. Incalaperra sólo ha ganado con eso. La comida nacional inglesa es ahora la más variada del planeta, lo que hace que todos los chistes sarcásticos sobre el extraño paladar británico sea una verdad a medias… porque sigue siendo media verdad. Brum es la capital europea del Bolliwood, una forma angloindia de hacer cine llena de color y de música, aunque los argumentos muchas veces parezcan de culebrón barato latinoamericano. Además, gracias a los inmigrantes del Hindustán, el deporte nacional inglés no ha desaparecido. Y este año England has won the Ashes, que es algo así como el campeonato mundial de cricket. Después de años de ser derrotados por sus antiguas colonias, Incalaperra pudo armar un equipo imbatible para demostrar su habilidad en el único deporte que hay que hacer un esfuerzo tan gigante que se juega con pantalón largo y sweater de lana (pullover o jersey, como quieran llamarlo).
Una cosa más: Brum es la ciudad más integrada y donde hay menos casos de racismo del Reino Unido. Y según me han dicho eso está estadísticamente comprobado, of course.
Die Leiden des armen Juanito
Le he robado el título al poeta porque nada describe mejor mi naturaleza preocupativa. Los que me conocen ya saben como soy, así que imaginarán lo que fue mi llegada a esta tierra. Algunos ya saben que el primer mes sentí una profunda angustia, mezclada con una melancolía literaria y un agobio casi infinito. Dado que es mi estado natural, no tienen por qué preocuparse. Por muchas cosas, la llegada a Incalaperra es una experiencia traumática. Este es el sueño de mi vida y me he pasado más de la mitad de mi ya no tan corta existencia soñando con este momento. Hay mucha gente que ha dado lo mejor de sí para que yo esté acá, pero como saben quienes son, me reservaré sus nombres. La semana pasada, sin embargo, recibí dos inyecciones de ánimo por parte de mis profesores. Sé que me falta mucho por hacer para llegar al nivel que me piden… o que yo me exijo a mí mismo. Pero también sé que voy por el camino correcto. No se preocupen que intentaré dar lo mejor de mí. Aclarado esto, recuerden como soy. Y si alguna vez reciben un mensaje en el que sueno estar acorralado por imágenes de espanto y excitación tenebrosa por mi incierto futuro, sepan que es tan sólo mi yo más íntimo. Le temo demasiado a la muerte y amo mucho la vida como para hacer locuras. Pero no puedo evitar ser un torturado. Guárdenme un lugar en sus oraciones, que yo los tengo siempre presentes en las mías.
Izugarri maite zaituztet guztioi (“los quiero muchísimo a todos” en la lengua del diablo, que es de las más bellas de la Tierra),
Juampi