
Hola a todos,
Sí ya se, no escribo nunca y cuando lo hago es para todo el mundo, ¿qué se le va a hacer? Pero bueno, es lo que hay.
Esta vez es porque el Hipermegasuperestupendo suplemento “Tentaciones” de el País acaba de sacar un concurso literario en el que hay que escribir menos de 600 palabras y, si ganás, te pagan unos días en NYC y la entrada para el “megaconcert” de U2 (acá pronúnciese iu chú, eh? nada de venir con mersadas de baja estofa, que si no en Tentaciones se enojan).
Para los que no compran el País los sábados, pueden consultar las bases del concurso en www.demuestratutalento.elpais.es, y si todavía no saben lo que es tentaciones es porque no se enteraron de qué se trata ser realmente muy trendy y muy in en esta España alegre de gente linda y desayunos con sushi, así que ¡a ponerse las pilas y a escribir!
Por lo pronto, les mando mi relatito. El tema de la semana era el deporte. Espero que lo disfruten, y si les pareció un mierda, por favor no me lo digan, que es la primera vez que me animo a salir al ruedo y no quiero que me bajen la moral… justo ahora que tenía pensado mudarme al Barri barcelonés de Gracia, vestirme de Loreak Mendian y Jocomomola (marcas gallegas muy muy… para los amigos del extranjero) y frecuentar los happenings del museo de arte moderno!!
Un abrazo,
Vuestro amigo “neo-guay”,
Juampi
Hasta cruzar la línea
Las gradas están a reventar, repletas de gargantas que se desgañitan, en una mezcla de aliento y reproche, pidiéndote, rogándote y hasta casi obligándote a que llegues primero, como si fueras el único que corre y no tuvieras otra razón de ser que surcar a golpes de brazo la densidad viscosa con más velocidad que esos otros amasijos de músculo movidos por su propia voluntad y albedrío y que comparten tu propia afición por querer ser como los cetáceos, que es para lo que estás, porque no importa cuanto te esfuerces, desde fuera, sin literalmente mojarse, ellos no pueden darse cuenta, y les basta con convencerse y asegurarse a sí mismos de que no hay ninguna barrera entre el mundo y nuestros deseos cuando se levanta la voz lo suficiente como para hacer temblar los dientes en ese deseo por que gane nuestro favorito, como si la victoria del otro fuera una forma de escape de nuestra propia inacción, de nuestra propia falta de protagonismo en esta perra vida donde todo parece ya decidido de antemano, mientras tú intentas ahogar tu derrota en una brazada más larga, más fuerte y más rápida, aunque hoy no sepas que te pasa y no haya devaneo de sesos que pueda explicar de donde sale esa fuerza que te oprime cada fibra del cuerpo y te retiene en el mismo lugar como una figura de yeso o lava a punto de fraguarse, como si pareciese querer enviar al garete en un santiamén toda la titánica tarea de convertir la monotonía y la repetición imparable en una destreza de héroes épicos y darle razón a esos que decían que no tenías madera, que mejor te dedicaras a otra cosa, que no sé por qué insistías, comentarios llenos de malicia a los que intentas expulsar de la mente, borrar de ese espacio impalpable que llaman memoria, porque ahora no hay tiempo para arrepentirse, ni está hecha la vida para los que lloran incluso antes de derramar la leche, así que mejor a concentrarse y seguir, que ya no falta tanto, aunque estés casi exhausto y no quieras admitirlo y te comience a subir por el brazo izquierdo una opresión de mil demonios y la sangre se te azule de hiel y sudor frío y cuando intentes respirar, sólo puedas llenar los pulmones de ese otro elemento primigenio que, aunque quieras, todavía no consigues dominar, y te precipites mas allá de esa línea de llegada de la que nadie regresa.
Juan P. Lewis
A orillas del Cantábrico, 29 de abril de 2005